Tu equipo, tu mejor valor.
29 Oct 2013

Tu equipo, tu mejor valor.

Inmersos en esta crisis agónica que nos toca vivir, donde todos los días hablamos de que los diferentes caminos a la recuperación económica pasan por la competitividad de nuestras empresas, podemos observar de primera mano cómo gran parte de esa competitividad está pasando por el menosprecio del principal activo de las empresas: sus trabajadores.

Las empresas se generan para ganar dinero. Pero, ese dinero se gana en base a unos productos y servicios que no siempre son generados por el propio “empresario”. Quiero decir, en una estructura empresarial, tan importante es el comercial que encuentra nuevos clientes a los que poder ofrecerles nuestros productos, como aquellas personas que se dedican al desarrollo de los mismos. Si no hay venta, no hay trabajo. Pero si no hay un correcto proceso productivo (en tiempos y en calidad),no hay factura, no hay beneficios, no hay marca de empresa, ni producto ni estabilidad empresarial (y por lo tanto, tampoco laboral).

Sin embargo, estamos asistiendo diariamente cómo los principales perjudicados en esta crisis suelen ser los equipos productivos. Frases como “si no quieres, tengo 300 deseando hacer lo que tú haces” no llevan más que a un punto de dejadez, de mal estar y desprecio de parte de los trabajadores de una empresa por sus productos, marca y por lo tanto, en tu trabajo. (Y digo tú refiriéndome al empresario, que al fin y al cabo, es el máximo exponente de su actividad empresarial).

En los tiempos en los que vivimos, está claro que todos han/hemos tenido que apretarnos los cinturones y hacer grandes esfuerzos. Pero también es cierto que existen fórmulas (dependiendo del trabajo, claro está) que permite flexibilizar los equipos en búsqueda de unas condiciones laborales lo más agradables y óptimas posibles, y no todo pasa por el aumento del salario y el pago de las horas extras (que, recordemos, debería ser lo deseable). Existen fórmulas como las gratificaciones ante grandes éxitos, el disfrute de días libres por descuadre de horarios,  o simplemente, el concepto de “empresa líquida” que permitiría que nuestros equipos productivos puedan estar contentos con su trabajo, permitirles trabajar mejor y seguir apostando por un puesto de trabajo que sienten plenamente suyo.

De lo contrario, lo que estamos fomentando son enemigos en nuestra propia casa. Y debemos de recordar, que aunque la reforma laboral haya abaratado (muy y mucho) el despido, si tenemos trabajadores disgustados y en malas condiciones, el empresario siempre tiene las de perder: o bien los costes de un despido, o bien a veces tampoco tiene uno nada que perder por mandarte una inspección laboral a la empresa, si la cosa se pone insoportable.

Como todo, en el equilibrio está la virtud. Siempre me he preguntado cómo puede haber tanta diferencia salarial entre los grandes directivos de algunas empresas y sus vendedores a pie de calle. ¿Acaso han olvidado que los unos sin los otros no son nada?

Imagen: wikipedia.


Fernando

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *